“Conozco los dos lados: el de la música y el de los contratos”
En casa me empapé de Los Panchos, Joan Manuel Serrat y música clásica, y de los conciertos de un primo que despuntó muy pronto y al que seguíamos a todas partes. Mi primer recuerdo con la música: yo, bajo las sábanas, con una radio y unos cascos, escuchando a escondidas los programas de noche, que eran los más molones. A los 16 cogí una guitarra y empecé a componer: cuando tocaba, el resto desaparecía. Con 27 de Copas teníamos canciones de sobra y ni idea de cómo sacarlas. Mi primera maqueta me la regaló quien hoy es mi mujer, y entré al estudio temblando: había pisado muchos echando una mano a mi primo, pero grabar lo tuyo es otra liga. Con Las Chillers ya teníamos más empuje y a alguien de la industria, y llegamos a tocar en el Low delante de 12.000 personas.
Aun así, la música nunca entró en mi vida como algo posible. En casa me habían dicho que vivir de esto era complicadísimo y que ya había un artista en la familia: la suerte no se repite. Me lo decían desde el cariño y desde el miedo, así que hice lo que mejor se me da, que es aprender, y me hice abogada. En 2020 me formé en producción y empecé a publicar como Palacio_prod. Los artistas se enteraban de que era abogada y me preguntaban de todo. No distinguían los derechos de autor de los de interpretación o los de máster. Se lo explicaba y les cambiaba la cara. Ahí entendí para qué servía tener un pie en cada lado.
Soy abogada de música y sigo componiendo y produciendo. En Green Room monto las campañas de lanzamiento de los artistas, planifico sus contenidos y llevo su dirección de carrera. Lo que más me gusta es meterme hasta la cocina de cada proyecto y asesorar desde dentro, porque es desde donde mejor se arreglan las cosas. Y junto con Javi me ocupo de todo lo que tiene que ver con la IA. Soy una obsesa de aprender, y eso es justo lo que me faltó al principio: alguien que me explicara cómo funciona esto y me abriera contactos. El estudio lo tenía. Lo que no tenía era el mapa, y por eso di tantos bandazos con mis bandas.
“Llevaba años diciéndome «este año saco una canción». Hasta que dejé de postergarlo”
Vengo de una familia sin artistas pero muy amante de la música: mis padres nos llevaban a mi hermana y a mí a conciertos, musicales y óperas. Mi primer recuerdo es mi padre los domingos por la mañana, poniendo música en la minicadena (todavía lo hace) y montando su propia performance: silba, baila a su manera o canta la letra, se la sepa o no. A los 10 años entré en la escuela de música de mi pueblo, Tarazona de la Mancha. Después, ya en Albacete, pasé ocho años en el conservatorio con la flauta travesera. Me encantaba la técnica, pero no la rigidez: allí aprendías a interpretar una partitura, no a salirte de ella. Al mudarme a Madrid empecé con canto moderno, composición y producción.
Aun así, me dediqué a otra cosa, por aquello de «busca un trabajo de verdad». Casi diez años en una oficina, con el runrún de querer vivir de la música. Hasta que encontré a Espe en Instagram y entré en el Palacio. Me ayudó a publicar mi primera canción y me animó a lanzarme. Luego me presentó a Javi. La primera canción que trabajamos juntos fue «Tu habitación verde», en su antiguo estudio, todavía sin reformar y nada bonito. Era mi primera vez grabando y estaba muy nerviosa. Javi no paraba de soltar bromas para que me relajara, y al terminar tuvimos la sensación de que algo muy bonito acababa de nacer allí. Después me invitó a Side Chain Broadcast Company como productora y artist coach. Un año más tarde nació Green Room y dejé la oficina.
Espe me llama la «arquitecta de procesos creativos». Soy una de las productoras del estudio, junto con Javi, y también traductora. Lidero Universe, nuestro programa de identidad artística. Y todo lo que cae por el medio, que es mucho: dar soporte a los artistas y a quienes se forman con nosotros, hacer los diseños para redes, inventar productos nuevos y atender a quien llega con ganas de trabajar. Tardé tanto en empezar porque no tenía referentes cercanos y lo vivía con vértigo: tenía mucha ambición, pero también muchísimos miedos, y sobre todo no sabía cómo. Lo que me cambió fue compartir el camino con otros artistas y ver que, paso a paso, se avanza mucho. Por eso me importa que aquí nadie lo haga a solas.
“Las cosas hechas chup chup siempre suenan mejor”
Nací en Madrid. Empecé con el piano a los 6 años y a cantar a los 8, y entre conservatorio y escuelas privadas llegué a grado medio de canto. Fui productor, director vocal, actor y cantante en Musicables Teatro, una compañía semiprofesional de teatro musical, y preparé a muchos jóvenes actores para sus primeros castings y pruebas de canto: algunos hoy actúan en musicales de primer nivel en la Gran Vía. Fui ayudante de dirección del Coro de la Catedral de la Almudena, canté en Fear Effect y Shameless Band y colaboré con Soul Time y Mass Fussion, siempre entre el rock, el blues y el soul. Mi primer recuerdo con la música: los viajes en coche con mis padres escuchando Mecano.
Mi primera producción fue casi un accidente: en Musicables había que grabar unas bases, el productor no pudo venir y asumí yo el rol. Incluso cuando trabajé fuera de la música, siempre estaba produciendo a algún amigo o amiga. El giro llegó el día que entré en mi primer estudio, un cuartucho abuhardillado donde solo podías estar de pie en el puesto del cantante: todo en silencio, y sentí que era mi casa. Lo dejé todo por la producción. Más tarde convertí una habitación de casa en home studio, que me permitía producir en pijama, lo cual me produce una gran satisfacción. Y cuando sentí que podía ayudar a más artistas, monté Side Chain Broadcast Company. Mi primera clienta fue Cris. Desde entonces sumamos fuerzas, y de ahí salió esta maravillosa locura que es Green Room.
En Green Room soy productor, vocal coach y parte del desarrollo de identidad artística, para que cada artista dé en el estudio su mejor versión. Me especialicé en voces, que es donde los productores solemos fallar más. Los estudios suelen ser sitios hostiles, sobre todo para quien canta: muchos factores son invisibles, psicológicos, y un cantante puede desafinar solo con pensarlo. Grabar es el momento más vulnerable de una canción y, a la vez, el más especial, así que hay que darle su tiempo: lo que se hace a fuego lento suena mejor y pide menos postproducción. Y soy «El Cables»: cuando llegan los artistas, todo está en perfecto estado de revista y funciona como debe.
Todo empezó con una canción que se llamaba “Tu habitación verde”
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Un contrato no resuelve nada
Hemos visto a demasiada gente prometer el oro y el moro y luego no hacer nada. Por eso trabajamos al revés.
Aquí el sello trabaja para ti. No fichamos a nadie porque sí, y no te vamos a vender que una firma te cambia la vida, porque un contrato no resuelve nada.
Lo que cambia una carrera es demostrar que puedes. Eso nadie lo va a hacer por ti. Lo que sí hacemos es ponernos a tu lado mientras lo demuestras.
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